Hace poco más de un año y medio llegué a Córdoba sin imaginar que terminaría recorriendo sus calles, parques y rincones con una cámara en la mano.
Uno de los lugares que más me llama la atención es el puente peatonal que une sectores del Parque Las Heras sobre el río Suquía. Es una obra relativamente nueva, moderna y elegante, que rápidamente se convirtió en parte del paisaje de la ciudad.
Durante el día destaca por sus líneas blancas y sus cables que parecen dibujar el cielo. Pero es al atardecer cuando, al menos para mí, muestra su mejor versión. La luz del sol cayendo sobre el río, los colores del cielo cordobés y la silueta del puente crean una escena que invita a detenerse unos minutos y simplemente observar.
Más allá de su función práctica, representa algo que valoro mucho: la conexión. Entre espacios de la ciudad, entre personas y también entre quienes llegamos de otros lugares y encontramos aquí una comunidad que nos recibe con amabilidad.
Córdoba me ha regalado muchas imágenes en este tiempo. Esta es una de ellas.
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